Presentado
por: María Paula Páramo Rocha
Presentado
a: Sebastián
Cobos
Fecha
de entrega: Febrero 4 de 2013
Un
sueño hecho realidad
Desde hace muchos años
soñaba con una fiesta de quince, en la cual luciera como toda una princesa rodeada
de toda la gente que admiro y quiero mucho, disfrutando y bailando como nunca. El
tema de las tarjetas de invitación fue lo que más me gustó, pensar en cuanta
gente quería invitar, amigos inolvidables que pasaron junto a mi toda mi
infancia, por supuesto, mi familia amada y compañeros del colegio, luego, el tema
más importante, mi vestido. Yo quería un vestido sencillo pero, así mismo muy elegante que se caracterizara por mi
personalidad, el tema de la fiesta, el ponqué, mis 15 años, toda una felicidad.
El día más esperado llegó, me puse mi vestido,
ya no era un sueño pues lucía como una
princesa, el vestido era radiante, un azul turquesa con unas zapatillas
hermosas, mis papás estaban felices pues su niña amada que jugaba con las
barbies ya era una señorita. Eran las 8:00 pm, estaba muy nerviosa; junto con
mi papá llegué al salón y todos se veían hermosos, las niñas con vestidos
elegantes, no obstante, los niños no se quedaban atrás eran todos unos galanes.
Siendo las 12:00am, del 24
de Mayo cumplí los deseados quince años, mis papás me
abrazaron y me entregaron un sobre rosado, con mucha sorpresa los destapé, era
un tiquete para viajar en tres meses a Francia por quince días, el único
sentimiento que estaba dentro de mí era una gran felicidad, pues siempre había querido conocer este gran
país y aprender de su cultura.
Pasado un mes, tenía mi cita
en la embajada, cuando me aceptaron mi visa lloré de la felicidad. Luego me fui de compras con mi mamá, ¡era una
locura!, comprábamos sacos, y muchas cosas, llegué a la casa y en mi nueva
maleta empecé a empacar todo con mucho orden, mi mamá me recordaba lo que debía
llevar, para que no me preocupara de nada estando allá.
Finalmente el día tan
anhelado llegó, mi mamá me hizo un desayuno muy especial, por otro lado mis
abuelos junto a mis tías me invitaron a almorzar,
dándome cada uno un recordatorio para que no los olvidara en mi deseado viaje.
Llegamos a la casa, cogí mi maleta y nos dirigimos todos al aeropuerto, estaba
muy ansiosa. Al día siguiente ya estaba en París y conocí mucho, disfrute mi estadía
allá. Siempre les agradeceré a mis padres por esta aventura tan hermosa que
nunca olvidaré.